Volvió a dejar caer las rodillas en el suelo una vez más. Ella nunca contó las veces que tropezó, pero sabia que fueron demasiadas, tantas que hasta le sangraban las piernas de vez en cuando.
Pero a ella no le importaba.
No le importaba el dolor... no ese tipo de dolor.
Volvía a estar tirada en el suelo una vez más y empezó a pensar si esta seria la última vez, tal y como hacia cada vez que se encontraba en esa situación.
Empezó a pensar que si ya había caído más veces era porque en algún momento decidió levantarse.
Arañó el parquet con las manos apoyadas y pensó que tal vez no merecía la pena volver a levantarse si iba a seguir cayendo, una y otra vez.
Pero a ella no le importaba.
No le importaba el dolor... no ese tipo de dolor.
Y volvió a levantarse con las rodillas sangrando y pensó que aunque volviera a derrumbarse no le dolería.
Porque el dolor que ella sentía estaba por dentro de la piel y ella sabía que las caídas no podían superarlo.
Ella decidió que prefería seguir cayendo aunque sangraran sus rodillas.
Ella decidió que prefería seguir cayendo aunque sangraran sus rodillas.
Y se dejó caer una vez más porque, en realidad, no tenía nada que perder.

Se nota la dureza de las palabras, el dolor que ella siente. Un texto fuerte y triste, pero que cala hondo.
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